Reseñas

Malleus Maleficarum

Siguiendo un poco con la historia de las brujas, hoy os traemos el libro que relata el genocidio que se perpetro en la Edad Media contra cientos de mujeres acusadas de brujería.

Dicho esto, Brujillos y Brujillas, ardamos en la hoguera.

El Malleus Maleficarum (del latín: Martillo de las Brujas) es probablemente el tratado más importante que se haya publicado en el contexto de la persecución de brujas y la histeria brujeril del Renacimiento. Es un exhaustivo libro sobre la caza de brujas que después de ser publicado en Alemania en 1487 tuvo docenas de nuevas ediciones, se difundió por Europa y tuvo un profundo impacto en los juicios contra las brujas en el continente durante 200 años aproximadamente. Esta obra es notoria por su uso en el período de la histeria por la caza de brujas, que alcanzó su máxima expresión desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII.

Y es que a finales de la Edad Media se emprendió esta Caza de Brujas que duraría casi cuatrocientos años, alcanzando prácticamente el final de la Edad Moderna.

Y es que es uno de los ejemplos más fehacientes de que la intolerancia del ser humano a lo desconocido es más que palpable, además de la irremediable capacidad de buscar un chivo expiatorio para su propios errores. El hecho de que miles de personas ardieran en la pira por un fenómeno que era prácticamente basado en el desconocimiento popular por las artes medicinales basadas en la tierra y en la energía de la misma, y de que, con total seguridad, muchísimos inocentes fueran ejecutados, no tiene fácil explicación. Para buscarla, seguramente haya que rastrear en los aspectos psicológicos que acaban en histeria colectiva o en la reacción natural de buscar un culpable ante las desgracias o acontecimientos a los que el ser humano no sabe dar explicación. A estos factores hay que unir un ambiente que mezclaba la superstición y la extrema religiosidad. Estamos, por tanto, ante uno de los acontecimientos más evidentes de las graves consecuencias que puede acarrear la combinación de miedo e ignorancia.

Fueron las propias autoridades de la época quienes dieron comienzo a tan atroz persecución y las más decididas a hostigar la brujería, que identificaron con el delito de herejía. Éste se había legitimado a inicios del siglo XIII para perseguir dos credos críticos con la Iglesia católica: el catarismo y el la iglesia valdense. Dar forma al crimen de herejía, y con él al de brujería, supondría una reestructuración profunda en la Iglesia, ya que ésta se arrogó el derecho de combatirlos por los medios que fueran necesarios. Para ello se valieron de la legislación, la fuerza militar e incluso la cultura, mediante la pintura o la escultura o impulsando la escritura y promoción de libros que debían servir para combatir la brujería. El más famoso de ellos sería el Malleus malleficarum.

Pocos libros pueden ser considerados más infames, dañinos y mezquinos que éste del que hoy os hablamos, el Malleus Maleficarum, el conocido como el Martillo de los Brujos. Su lectura produce en primer lugar incredulidad, luego espanto, indignación y pena. Nunca ningún otro libro pudo causar tanta maldad en el mundo ni tener tan trágicas consecuencias como lo tuvo su redacción.

Este libro fue escrito entre los años 1485 y 1486 por dos monjes dominicos, Jacobus Sprenger y Heinrich Kramer, quienes se encargaron de recoger en sus páginas la descripción de lo que entonces podían considerarse actos impuros y realizados bajo la posesión del demonio. Durante tres siglos este Martillo de los Brujos fue el libro de cabecera del Tribunal de la Inquisición, la obra que sirvió a sacerdotes, y a jueces católicos a llevar a la hoguera a quienes ellos consideraban rendían culto a la brujería.

Pero detengámonos un poco en la Historia y en la época que les tocó vivir. En aquel entonces, la herejía era la negación de un auto de fe, que además se reafirmaba en la persistencia a seguir cometiendo tal “error”. Dentro del orden social que perseguía una Iglesia Católica en auge, los herejes eran considerados como vulgares traidores a la convivencia y enemigos sociales. Fueron siglos de una fuerte represión, de un despotismo eclesiástico absoluto, de una gran rigidez en las normas sociales.

Surgieron, como siempre surgen en épocas así, grupos que luchaban contra esa injusticia; sectas que se ocultaban confiadas en sus propias creencias, como los cátaros o los albigenses que no reconocían la autoridad de reyes ni obispos, pero cuyos valores eran, según nuestra visión actual, mucho más justos y rectos que los que promulgaban desde la propia iglesia de los siglos XII y XIII. Y naturalmente, fueron perseguidos. Sin embargo, aquellas persecuciones eran inicialmente populares. Cuando se les atrapaba no había juicios ni condenas, y pronto la Iglesia se vio en la tesitura de tener que institucionalizar aquellas persecuciones para darle validez. Y fue en el Concilio Ecuménico de Letrán, en el año 1215 donde se convirtieron en Leyes las sanciones a quellos herejes.

Apenas 7 años después, en el 1231, Gregorio IX instituyó la Inquisición, y lo que en un principio se creó para perseguir a aquellos que se oponían al “reinado” de la Iglesia, en apenas dos siglos se convirtió en la persecución de brujas, adivinos y blasfemos.

¿Cuál fue el motivo principal para perseguir este tipo de sacrilegios? ¿qué temía la Iglesia con estas gentes, generalmente pobres, y muchas de ellas acusadas injustamente? Probablemente fuera esconder las grandes diferencias sociales; esconder la pobreza existente, la desigualdad, y los lamentos de una sociedad que pedía en silencio su libertad. Probablemente, lo que pretendía era hacer creer al pueblo llano que era la brujería la que originaba todos aquellos problemas sociales y los hechizos los que llevaban por el mal camino a sus gentes.

Y así surgió la necesidad de tener un auténtico catálogo que legitimara sus acciones. y si bien ya se había publicado anteriormente el Fortalitium Fidei en el año 1461, fue este Malleus Maleficarum el que durante tres siglos rigió los destinos de media Europa, tras ser avalado por bula papal de Inocencio VIII. Fue la bula Sumnis Desiderantes, del 9 de diciembre de 1448, la que instó a investigar y perseguir legalmente los delitos de brujería.

Hasta 29 ediciones se imprimieron del Malleus Maleficarum, teniendo sus principales focos de atención en Alemania, Francia e Italia.

Muchos son los rasgos que distinguen esta obra, pero todas con una base común. “La hembra es más amarga que la muerte”, decían, y bajo esta frase, sus autores tomaron partida contra la mujer, a la que consideraban libertina y endemoniada. Junto a esta misoginia, destaca su cinismo, y su brutalidad. Abogaban por la tortura como medio para obtener las confesiones. La obra es todo un curso de cómo confundir al reo y empujarlos a declararse culpables.

“Tienen el hábito de comer y devorar a los niños de su misma especie”, “causan el granizo y tempestades y rayos, y esterilidad en los hombres”, “echan al agua a los niños que caminan junto a las orillas”, “encabritan a los caballos”, “se transportan por el aire”, “despertar horror en las mentes”, “practican la lujuria carnal con los demonios”… cada uno de los capítulos es un descarnado proceso descriptivo de lo que son capaces  de hacer, y de cómo llegar a torturar de los más diversas formas para finalmente arrancar la verdad. junto a las quemas en las hoguera, tan desgraciadamente conocidas, estuvieron las muertes en maderos, el caballete o las agujas en el cuerpo.

Y éstos son algunos de los ejemplos de las muchas barbaridades cometidas en nombre de la Iglesia por la “Santa” Inquisición tomando como base el infame Malleus Maleficarum, el Martillo de los Brujos.

Autor

sandra@elrincondelnephilim.com
Sandra de Lucas (León, 1996) es una apasionada de la literatura que adora vivir aventuras de la mano de un buen libro. Antes de dedicarse al mundillo literario quiso ser criadora de dragones (pero la idea no llegó demasiado lejos, no sé yo porque…). Actualmente es escritora, blogger y podcaster a tiempo completo.

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Brujas en la historia

4 febrero, 2019